Cómo funciona

Por qué una pulsera sin pantalla aguanta 45 días con una carga

Por qué un reloj se carga a diario y una pulsera sin pantalla dura 45 días: qué gasta batería, cómo ahorra el Bluetooth y por qué el móvil echa cuentas.

· 4 min de lectura · Por Alberto Lorente

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Pulsera sin pantalla con un corte transparente que deja ver la batería, el chip y los LED, con un hilo de luz magenta

Un aparato que pasa casi todo el día dormido

Un reloj inteligente suele pedir enchufe cada uno o dos días. Una pulsera sin pantalla como la DuckDik Sense puede aguantar hasta 45 días con una sola carga. El truco no es una batería mágica, sino una idea muy sencilla: un aparato que pasa la mayor parte del tiempo dormido y que solo se despierta lo justo para medir y guardar lo que ha medido.

Para entenderlo, piensa en la batería como en una hucha pequeña. Lo que importa no es tanto su tamaño como cuántas monedas se escapan cada minuto. En un wearable hay cuatro grandes salidas de energía: la pantalla, el procesador (el «cerebro» que hace las cuentas), la radio que habla con el móvil y el sensor de luz que mide el pulso. Una pulsera de larga duración cierra la primera y aprieta las otras tres.

La pantalla, el gran devorador

En 2017, un equipo de investigadores siguió durante 106 días a 27 personas que usaban un reloj inteligente en su vida normal y midió en qué se iba la energía. La pantalla se llevaba alrededor del 30 % del total, casi lo mismo que el procesador. Y eso que el reloj solo estaba plenamente «despierto», con la pantalla a pleno brillo, un 2 % del tiempo.

¿Por qué gasta tanto algo tan pequeño? Porque una pantalla son miles de puntos de luz que hay que encender y redibujar muchas veces por segundo, y porque cada vez que miras la hora el procesador tiene que despertarse para pintar la imagen. Sin pantalla desaparece ese gasto y el procesador tiene muchos menos motivos para despertarse.

Una luz que parpadea en lugar de quedarse encendida

El sensor que mide el pulso funciona con luz: unos LED iluminan la piel y un pequeño ojo electrónico mide cuánta luz vuelve (lo contamos en Pulso con luz). Lo curioso es que esa luz no está encendida todo el rato. Parpadea en destellos brevísimos, muchas veces por segundo, y el sensor solo «mira» durante esos destellos.

Además, muchas pulseras ajustan el ritmo de medida a lo que haces: en el sofá no hace falta medir con la misma intensidad que en mitad de una carrera.

Bluetooth que habla a ratos

La pulsera no está «al teléfono» con tu móvil todo el día. Usa Bluetooth de bajo consumo, un sistema pensado precisamente para que los dos aparatos queden en momentos concretos, intercambien unos pocos datos y vuelvan a dormirse. Según la norma, esas citas pueden repetirse desde cada 7,5 milisegundos hasta cada 4 segundos, y si no hay nada nuevo que contar, la pulsera puede saltarse algunas.

Entre cita y cita, un chip de Bluetooth típico puede quedarse en un consumo de alrededor de un microamperio, la millonésima parte de un amperio. Es como dos amigos que, en lugar de pasarse el día hablando, quedan un segundo de vez en cuando para ponerse al día. Por eso es habitual que estas pulseras guarden lo medido en su memoria y lo envíen por tandas.

La muñeca recoge, el móvil piensa

La otra gran clave es repartir el trabajo. Interpretar las fases del sueño, el estrés o la recuperación exige muchos cálculos. En lugar de hacerlo en la muñeca, con una batería diminuta, se hace en el teléfono, que tiene una batería muchas veces mayor y se carga a diario de todos modos. Las señales en bruto se quedan en el teléfono; la cuenta sincroniza cifras ya resumidas en servidores de la UE.

Por qué cargar menos también cuida la batería

Hay un efecto secundario curioso. Las baterías de litio envejecen, en parte, con cada ciclo de carga. Si cargas un aparato todos los días, en un año suma unas 365 cargas; con una autonomía de 45 días, apenas unas 8. Menos ciclos suele traducirse en una batería que pierde capacidad más despacio, aunque el paso del tiempo y el calor también influyen.

La autonomía real depende de cómo se use. Medir el oxígeno en sangre toda la noche, registrar entrenamientos largos con pulso continuo o recibir muchas vibraciones de avisos hace que la hucha se vacíe antes. Y el frío intenso reduce temporalmente la energía que una batería de litio puede entregar, así que en una excursión de invierno es normal ver el porcentaje bajar algo más rápido.

Preguntas frecuentes

¿Por qué una pulsera sin pantalla dura más que un reloj inteligente?

Porque la pantalla es uno de los componentes que más energía gasta, y sin ella el procesador también se despierta mucho menos. En un estudio con relojes inteligentes, la pantalla se llevaba alrededor del 30 % de la energía.

¿El Bluetooth gasta mucha batería en una pulsera?

Poco. El Bluetooth de bajo consumo hace que pulsera y móvil se comuniquen en citas breves y vuelvan a dormirse; entre cita y cita el chip consume del orden de un microamperio.

¿Qué hace que la batería de la pulsera dure menos?

Medir el oxígeno toda la noche, registrar entrenamientos largos con pulso continuo, recibir muchas vibraciones de avisos y el frío intenso, que reduce temporalmente la energía que entrega la batería.

¿Cargar menos veces alarga la vida de la batería?

Suele ayudar: las baterías de litio envejecen en parte con cada ciclo de carga. Cargar unas 8 veces al año en lugar de 365 reduce mucho los ciclos, aunque el tiempo y el calor también influyen.

DuckDik es un producto de bienestar. No es un dispositivo médico, no diagnostica ni sustituye el consejo de un profesional sanitario. Si tienes síntomas, consulta a tu médico.

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